domingo, enero 14, 2018

“Qué dirá el Santo Padre”, de Violeta Parra







Miren cómo nos hablan de libertad,
cuando de ella nos privan en realidad.
Miren cómo pregonan tranquilidad,
cuando nos atormenta la autoridad.
Qué dirá el Santo Padre que vive en Roma
que le están degollando a sus palomas.

Miren cómo nos hablan del paraíso,
cuando nos llueven penas como granizo.
Miren el entusiasmo de la sentencia,
sabiendo que mataban a la inocencia.
Qué dirá el Santo Padre que vive en Roma
que le están degollando a sus palomas.

El que oficia la muerte como un verdugo,
tranquilo está tomando su desayuno.
Lindo se dará el trigo por los sembra’o,
regado con tu sangre, Julián Grimau.
Qué dirá el Santo Padre que vive en Roma
que le están degollando a sus palomas.

Entre más injusticia, señor fiscal,
más fuerzas tiene mi alma para cantar.
Con esto se pusieron la soga al cuello,
el sexto mandamiento no tiene sello.
Qué dirá el Santo Padre que vive en Roma
que le están degollando a sus palomas.




en Poesía, Editorial UV, 2016





Originalmente en Una chilena en París. Recordando a Chile, 1965




















sábado, enero 13, 2018

“¿Es la flor?”, de Po Chü-I




 
¿Es la flor? No.
¿Es la bruma? Tampoco.
Viene a medianoche
y se va al amanecer.
Viene como un sueño de primavera,
que dura muy poco tiempo
y se va como una nube del alba,
sin que nadie sepa su paradero.



en Poesía clásica china, 2001










viernes, enero 12, 2018

“Fuego y hielo”, de Robert Frost

Traducción de Juan Carlos Villavicencio






Algunos dicen que el mundo terminará gracias al fuego,
algunos dicen que gracias al hielo.
Por lo que he probado del deseo
apoyo a aquellos que favorecen el fuego.
Pero si tuviera que perecer dos veces,
pienso que sé lo suficiente acerca del odio
para decir que, para destruir, el hielo
es excelente también
y sería suficiente.




en Harper's Magazine, diciembre 1920









jueves, enero 11, 2018

“La sombra de las jugadas”, de Edwin Morgan




 
En uno de los cuentos que integran la serie de los Mabinogion, dos reyes enemigos juegan al ajedrez, mientras en un valle cercano sus ejércitos luchas y se destrozan. Llegan mensajeros con noticias de la batalla; los reyes no parecen oírlos e, inclinados sobre el tablero de plata, mueven las piezas de oro. Gradualmente se aclara que las vicisitudes del combate siguen las vicisitudes del juego. Hacia el atardecer, uno de los reyes derriba el tablero porque le han dado jaque mate y poco después un jinete ensangrentado le anuncia: Tu ejército huye, has perdido el reino.



en Antología de la literatura fantástica (Borges, Bioy, Ocampo), 1965










miércoles, enero 10, 2018

"Raíces", de Luis Vulliamy







Respire por mí en la casona construida por
mi abuelo, una noche de verano, enero
llanto y probablemente estrellas.

Así, creciendo de la carne a la tierra,
yo besaba las manos si cantaban los pájaros,
esperando rompieran florecidos los labios,
el secreto del cú cú o la alzada del álamo.

La prolongación agreste de los juegos
multiplicó sus caminillos por el huerto,
alternando la humedad de las verduras,
por el incitante aliento de las pomas, o
la colorida agilidad de los insectos.

Escuché también entonces cristalinas, las
primeras campanas de la escuela, y
del viejo maestro las palabras, reposadas y buenas.

Era el amado orden del Sur un cotidiano
rito de viento y de madera, casas viejas, la
desierta calle y la lenta persistencia de lluvia.

Débil vozarrón entre la piedra, la vida
transcurría como un río; estacionaria
en su calor la lila, aún su blanco aroma repetía.

No recuerdo cuándo asomó la tristeza, y
el azúcar se esfumó de mis lágrimas,
silencioso después, como el tiempo sin alma, con
los ojos cerrados me alejé de la infancia.






en Rito de viento y de madera, Editorial UV, 2017




Originalmente en Ritual del hombre inquieto, 1954


























martes, enero 09, 2018

“Yo misma fui mi ruta”, de Julia de Burgos






Yo quise ser como los hombres quisieron que yo fuese:
un intento de vida;
un juego al escondite con mi ser.
Pero yo estaba hecha de presentes,
y mis pies planos sobre la tierra promisoria
no resistían caminar hacia atrás,
y seguían adelante, adelante,
burlando las cenizas para alcanzar el beso
de los senderos nuevos.
A cada paso adelantado en mi ruta hacia el frente
rasgaba mis espaldas el aleteo desesperado
de los troncos viejos.
Pero la rama estaba desprendida para siempre,
y a cada nuevo azote la mirada mía
se separaba más y más y más de los lejanos
horizontes aprendidos:
y mi rostro iba tomando la expresión que le venía de adentro,
la expresión definida que asomaba un sentimiento
de liberación íntima;
un sentimiento que surgía
del equilibrio sostenido entre mi vida
y la verdad del beso de los senderos nuevos.
Ya definido mi rumbo en el presente,
me sentí brote de todos los suelos de la tierra,
de los suelos sin historia,
de los suelos sin porvenir,
del suelo siempre suelo sin orillas
de todos los hombres y de todas las épocas.
Y fui toda en mí como fue en mí la vida…
Yo quise ser como los hombres quisieron que yo fuese:
un intento de vida;
un juego al escondite con mi ser.
Pero yo estaba hecha de presentes;
cuando ya los heraldos me anunciaban
en el regio desfile de los troncos viejos,
se me torció el deseo de seguir a los hombres,
y el homenaje se quedó esperándome.



en Obra Poética, 2008










lunes, enero 08, 2018

"Los sonetos de la muerte", de Gabriela Mistral







                                 I

Del nicho helado en que los hombres te pusieron,
te bajaré a la tierra humilde y soleada.
Que he de dormirme en ella los hombres no supieron,
y que hemos de soñar sobre la misma almohada.

Te acostaré en la tierra soleada con una
dulcedumbre de madre para el hijo dormido,
y la tierra ha de hacerse suavidades de cuna
al recibir tu cuerpo de niño dolorido.

Luego iré espolvoreando tierra y polvo de rosas,
y en la azulada y leve polvareda de luna,
los despojos livianos irán quedando presos.

Me alejaré cantando mis venganzas hermosas,
¡porque a ese hondor recóndito la mano de ninguna
bajará a disputarme tu puñado de huesos!



                                 II

Este largo cansancio se hará mayor un día,
y el alma dirá al cuerpo que no quiere seguir
arrastrando su masa por la rosada vía,
por donde van los hombres, contentos de vivir...

Sentirás que a tu lado cavan briosamente,
que otra dormida llega a la quieta ciudad.
Esperaré que me hayan cubierto totalmente...
¡y después hablaremos por una eternidad!

Sólo entonces sabrás el por qué no madura
para las hondas huesas tu carne todavía,
tuviste que bajar, sin fatiga, a dormir.

Se hará luz en la zona de los sinos, oscura;
sabrás que en nuestra alianza signo de astros había
y, roto el pacto enorme, tenías que morir...



                                 III

Malas manos tomaron tu vida desde el día
en que, a una señal de astros, dejara su plantel
nevado de azucenas. En gozo florecía.
Malas manos entraron trágicamente en él...

Y yo dije al Señor: –“Por las sendas mortales
le llevan. ¡Sombra amada que no saben guiar!
¡Arráncalo, Señor, a esas manos fatales
o le hundes en el largo sueño que sabes dar!

¡No le puedo gritar, no le puedo seguir!
Su barca empuja un negro viento de tempestad.
Retórnalo a mis brazos o le siegas en flor”.

Se detuvo la barca rosa de su vivir...
¿Que no sé del amor, que no tuve piedad?
¡Tú, que vas a juzgarme, lo comprendes, Señor!






en Desolación, 1922
















domingo, enero 07, 2018

“Emoción de otoño”, de Nichita Stanescu




 
Ha llegado el otoño, cuida mi corazón,
con la sombra de un árbol o mejor con tu sombra.

Tengo temor a veces de que ya no te veré,
que alas me crecerán agudas hacia el cielo,
que te vas a esconder en algún ojo extraño
y que se va a cerrar como hoja de ajenjo.

Me acerco entonces a las piedras, callo
tomo las palabras, las ahogo en el mar.
Y le silbo a la luna, la saco y la transformo
en un inmenso amor.



en Seis poetas rumanos contemporáneos, 1993



Traducción de Omar Lara










sábado, enero 06, 2018

"Hijos culposos: Una apología de su propia ebriedad", de Tao Yuanming (T'ao Ch'ien)

Versión de Juan Carlos Villavicencio






Construí mi cabaña en una zona urbana,
sin embargo, cerca mío no sonaba ruido alguno de caballo o conductor.
¿Sabes cómo fue esto posible?
Un corazón distante crea un desierto alrededor suyo.
Arranco crisantemos bajo el seto oriental,
y luego miro largamente las lejanas colinas del verano.
El aire de la montaña es fresco al atardecer del día:
las aves vuelan de dos en dos y vuelven.
En estas cosas hay un significado profundo:
sin embargo, cuando lo expresamos, las palabras nos fallan de repente.











viernes, enero 05, 2018

“Los aborígenes rebeldes”, de Santiago Elordi




 
Si una noche
De estas que apenas comienzan
Seguimos siendo lo que somos
El universo entero será nuestra casa
Si no hay vino
Un poco de bencina
Qué más da un poco de bencina”
Cantaban ayer los aborígenes rebeldes
¡Aceptémoslo de una vez!
Los aborígenes rebeldes tenían suficiente imaginación
En el cielo
En el mar
En la montaña
Pero se apuraron demasiado
Llegaron a ser lo que no eran
Y la fruta maduró temprano
Pájaros cayeron de las ramas
La noche se vino sin estrellas
Y en las casas que quedaron vacías
Ellos los aborígenes rebeldes
Rompieron el silencio
Y con los pedazos
Nunca levantaron un canto nuevo



en Los ingleses de Sudamérica, 2007











jueves, enero 04, 2018

"Sobre esta ciudad lloro", de Ana Enriqueta Terán




(1918-2017)



Mi estirpe no es de bosque, este bosque,
callado en medio de los árboles;
tampoco es de mármol contraído,
amenazante, otras veces miserable, pequeño,
debajo de las fastuosas túnicas.
Vengo de miedos, de ceremonias con raíces vivientes,
fogatas, humo entrando en huracán por mis oídos.
Mi estirpe no es de dioses, sabíamos morir.
Vengo de colores profundos y de aquel altísimo,
alimentado por millares de mariposas azules,
amazónicas.
(Lo que nace a ciegas atraviesa mis manos y mis pies).
Aquí no sé reír como las frutas labiadas de mis selvas.
Sobre esta ciudad lloro.





en Extravagancias lúdicas, 2016









Contribución indirecta a DscnTxt de Winifer Ravelo









miércoles, enero 03, 2018

“Las tres tribus”, de Yanko González Cangas




 
a Ezra Punk


Bárbara tiene un nuevo
Negro que la azota
Y tres tribus se jalan
la nostalgia
La primera le compuso la más potente canción
En un solo de bajo
“solo de bajo-bajón”   “canción con bajo para Bárbara”
La segunda pateó más que nadie
En el recital de los Porotos With Riendas
Y la tercera

LA TERCERA LE ESCRIBE ESTA BRAVATA*



* “Las mujeres más deseables forman una minoría. En consecuencia la demanda de mujeres está siempre, real o virtualmente, en estado de desequilibrio o de tensión” (Lévi-Strauss).



en Metales Pesados, 2016

(Montacerdos y Alquimia Ediciones)










martes, enero 02, 2018

"Dichoso aquél que lejos de los negocios...", de Horacio

Inicio del Épodo 2




Dichoso aquél que lejos de los negocios,
como la antigua raza de los hombres,
dedica su tiempo a trabajar los campos paternos con sus propios bueyes,
libre de toda deuda,
y no se despierta como los soldados con el amenazante toque de diana,
ni tiene miedo a la ira del mar,
evitando el foro y los soberbios umbrales
de los ciudadanos poderosos.










Beatus ille qui procul negotiis, / ut prisca gens mortalium / paterna rura bobus exercet suis, / solutus omni faenore, / neque excitatur classico miles truci / neque horret iratum mare, / forumque vitat et superba civium / potentiorum limina.











Contribución indirecta a DscnTxt de Vivi Geeregat

















lunes, enero 01, 2018

“Y todo el mundo calla”, de Mario Contreras Vega




 
En el bosque florido conversan las abejas
mientras el sol esparce al viento sus dedos oculares.
Los loros verdes callan. Extrañamente callan.
Incluso los chucaos se ocultan en las quilas
y en silencio
recogen y devoran sus pequeños insectos.

Y todo el mundo calla
mientras la bota del hachero resuena contra el mundo.



en Entre ayes y pájaros, 1981